Asturias: donde reina la naturaleza

Asturias, más que un Principado, es un reino. El más antiguo de España. Porque fue y es por derecho propio el reino de la naturaleza.

En España, la naturaleza tiene nombre propio: Asturias. Mágico rincón situado al norte de la Península, en el corazón de la Cornisa Cantábrica. Su accidentada orografía de escarpadas montañas y profundos valles, sus bosques de robles y castaños, en los que reina el oso, sugieren otras latitudes y otras culturas y, sin embargo, pocos lugares hay históricamente más españoles que esta tierra  en la que se produce la consagración eterna de lo verde, color predominante en el paisaje,  desde las praderías y montañas del interior hasta el borde mismo de los acantilados, donde el verde se funde con el azul intenso del mar Cantábrico. Como si la región viviera en una eterna primavera. Es que el verde no desaparece ni siquiera en invierno. Si acaso se atenúa un poco, como si se tornara más sutil, bajo el blanco manto de la nieve. Y cuando esta se derrite al llegar la primavera, despierta de su letargo y eclosiona en todo su esplendor.

     ‘Paraíso Natural’, la llaman sus habitantes, los intrépidos astures que desde tiempos ancestrales viven en esta región. Aunque surgió como eslogan publicitario, en realidad trasciende  lo meramente turístico convirtiéndose en la definición que le corresponde por derecho propio. Es que Asturias es muchas cosas, pero sobre todo es naturaleza. Naturaleza en estado puro, valga decir.

     Visitar Asturias permite conocer una España alejada del tópico del sol y playa y adentrarse en un país de marcados contrastes, donde la naturaleza es la protagonista indiscutible, con una riqueza paisajística impresionante, llena de rutas que trepan y bajan montañas, atraviesan ríos, bordean lagos, discurren frente a pequeños pueblos que parecen colgados de las montañas, frente a casas aisladas de muros centenarios en las que hacer una parada para charlar con los lugareños, reparar fuerzas en una mesa bien servida con las viandas del lugar, saboreando la cocina típica asturiana, o simplemente admirar el paisaje, que se le antoja distinto al viajero en cada recodo del camino.

      Y si la noche sorprende al caminante, encontrará para dormir desde pequeños hostales a pie de ruta, hasta los hoteles y casas rurales, donde más que huéspedes, los viajeros se sienten parte de la familia de los propietarios de estos establecimientos, como si en vez de foráneos, fueran lugareños de paseo que hacen un alto en el camino para visitar a amigos de toda la vida.

 

Parque Nacional de los Picos de Europa

Quienesgustan practicar el senderismo contemplativo en abierta comunión con la naturaleza, así como los alpinistas, tienen mucho donde elegir en Asturias. Una elección ineludible son los Picos de Europa, el espacio natural protegido de mayor extensión de España, con más de 64.600 hectáreas. A este extenso Parque Nacional la UNESCO lo declaró en 2002  Reserva de la Biosfera. Reconocimiento que es a la vez merecida distinción y compromiso de conservación tanto por parte de los lugareños, como por los miles de visitantes que anualmente acuden a estas montañas a “emborracharse de verdes”, que diría el poeta.

     Hay mucho que ver en los Picos de Europa. Tanto, que cuesta elegir. Sobre todo porque el tiempo siempre rácano de unas vacaciones no alcanza para recorrerlos en toda su magnitud.  Se impone entonces repetir visita.

 

Mar y montaña comparten mesa

Asturias es también famosa por su gastronomía. Es que a los asturianos les gusta la mesa bien servida. En la gastronomía astur, como en todo lo demás, la naturaleza es una vez más protagonista, propiciando una cocina basada en platos consistentes. El secreto de su reconocida fama se debe, sobre todo, a las materias primas utilizadas. Los pastos siempre verdes alimentan el ganado vacuno y lanar, de los que se obtiene carne y leche de primera calidad. De ahí que esta zona sea también famosa por sus quesos, sobre todo los de Cabrales.

      Mientras el Mar Cantábrico abastece a la cocina asturiana de pescados y mariscos de excelente calidad, tales como el rape, que los asturianos llaman pixin, la merluza, los percebes y los erizos de mar (oricios, en el argot local); la tierra, por su parte,  aporta carnes de vacuno, de cerdo (mención especial merecen los chorizos, considerados entre los mejores de España), y de ave, como el muy gustado pitu caleya, el típico pollo de corral asturiano que crece en total libertad alimentándose de los nutrientes que la tierra le aporta. A estas carnes hay que agregar las de caza, principalmente jabalí y corzo.

 

La fabada, reina de la gastronomía asturiana

Entre todos los platos más conocidos de la gastronomía asturiana, la fabada es la reina, el plato típico por excelencia, elaborado con alubias blancas (faves, las llaman aquí) que para que quede como Dios manda tienen que ser asturianas, y chorizo, morcilla y lacón.

     Si la fabada es la reina, el pote asturiano es el príncipe. En realidad se trata de una variante de la fabada, en la que las faves se sustituyen por berzas.

      Otro plato típico que no hay que dejar de probar cuando se recorren las tierras asturianas, sobre todo en otoño, que es tiempo de matanza, son los tortos con picadillo. Tortas de harina de maíz y trigo rellenas con picadillo de cerdo, que se suelen servir acompañadas de un huevo frito. También hay que degustar el chorizo a la sidra o los frutos de pixín, trozos de rape rebozados y fritos.

     La cocina asturiana, en la que mar y montaña comparten mesa en perfecta armonía, se riega con abundante sidra de elaboración casera y se completa con los postres más típicos de la región: frixuelos, arroz con leche y los imprescindibles casadielles, exquisitos pasteles rellenos de nueces, avellanas, azúcar y anís. Tampoco puede faltar el queso, de los que se elaboran en Asturias 42 variedades, entre ellas el ya mencionado de Cabrales, verdadera joya de la corona de la industria quesera asturiana, y el no menos conocido y gustado  afuega`l pitu  (ahoga el pollo).

 Texto y foto: José Antonio Tamargo