CUBA EN EL CORAZÓN

5. mar., 2016

Tengo dos amores clavaditos en mi alma

España y Cuba, Cuba y España.

Gaita y bongó,

Maracas y tambor.

La una no puede vivir sin la otra

Y yo no puedo vivir  sin las dos.

España y Cuba, Cuba y España,

Ambas hicieron de mí lo que soy.

                              JAT

 

NO HAY PEOR CUÑA QUE LA DEL MISMO PALO

He leído en la prensa de Miami que la mayoría de los cubano-americanos aseguran votarán a Donald Trump en las próximas elecciones estadounidenses.  Francamente, no sé que pensar. No deja de ser sorprendente, al menos para mí, que un emigrante cubano ---y todos los cubanos de Miami, sean ciudadanos amercanos o no, todos sin excepción son inmigrantes o hijos y nietos de emigrantes--- desee vortar por un candidato que aunque no se ha pronunciado abiertamente sobre el tema de la inmigración,  sí ha dado a lo largo de su campaña evidentes síntomas de ser un xenófobo de mucho cuidado, deja mucho que desear sobre los cubanos. 

Ver para creer. Cubanos respaldando a un candidato presidencial que, a juzgar por lo que afirma, se podría pensar que si por él fuera mandaría construir en la frontera de Estados Unidos con México un sólido muro de hormigón de veinte metros de alto que dejaría pequeño al famoso Muro de Berlín. Eso es, como poco, antinatural. Si hay alguien en este mundo que le debe mucho a la emigración, esos son los cubanos. Entonces, ¿cómo pueden los cubanos o una parte de ellos darle el voto a un individuo que es odia a los emigrantes? ¿Es que con las glorias se les ha olvidado la memoria? ¿No recuerdan muchos de los cubanos que viven en Miami y ahora son ciudadanos americanos con derecho al voto que ellos o sus padres llegaron a ese país en una balsa? ¿Han olvidado que ellos también son emigrantes, incluso ilegales, y que ese país les abrió las puertas, les acogió y les dio beneficios legales a los que no tienen derecho otros emigrantes?

Por más vueltas que le doy en la cabeza, no entiendo la actitud de esos cubanos. Se me antojan tan fiferentes a los que yo conocí en Cuba. ¿Dónde dejaron su proverbial hospitalidad, esa que les lleva a compartir con los demás el plato de comida aunque fuera más escasa que la generosidad de un avaro?  ¿Qué pasa? ¿Es que una vez que están en la Yuma y tienen la nevera llena, el coche frente a la puerta y una tarjeta de crédito se convierten en seres superiores que pueden mirar con desprecio y por encima del hombro a ciudadanos de otros países que son tan emigrantes como ellos y, como ellos, llegaron a Estados Unidos con una mano delante y otra detrás? 

Con sinceridad, a veces pienso que muchos cubanos, cuando cruzan el Estrecho de La Florida en balsa o avión, son absorvidos por una especie de agujero negro que en lugar de trasladarlos a otra dimensión o espacio temporal les transforma el cerebro y los convierte en otras personas capaces de olvidar su origen y su condición de emigrantes. Solo así se explica que muchos de quienes llegaron a Estados Unidos como emigrantes, quieran elegir presidente de ese país a alguien que odia y desprecia a todos los emigrantes. Es tan absurdo como apagar un fuego con gasolina. 

Ya lo dice la sabiduría popular: no hay peor cuña que la del mismo palo.

J.A.Tamargo