EN ESPAÑA NO PACTA NI DIOS

Hace ya varios años, saboreando unos mojitos en La Habana con un colega de la prensa extranjera, y ante la acalorada discusión entre dos amigos comunes, también corresponsales, cuando yo quise interceder para apaciguar los ánimos que cada vez se exaltaban más, mi amigo me detuvo con un gesto y me dijo: “No te metas en esa discusión. Bien sabes que es más fácil encontrar agua en el desierto que lograr que dos españoles se pongan de acuerdo…aunque ambos tengan la razón”. Mi amigo sabía muy bien lo que decía, es español de pura cepa.

Este recuerdo me viene a la memoria al ver los infructuosos intentos para lograr un pacto que permita a España tener por fin un gobierno y evitar, aunque sea in extremis, el costo que supone a todos los españoles repetir las elecciones (creo que unos doscientos milloncitos de nada). Viendo lo visto, parece que a los partidos políticos que buscan a la desesperada un pacto, aunque sin ceder un ápice en sus pretensiones, les importa un rábano que con el dinero de todos se paguen nuevas elecciones. Quizá piensen, con ese optimismo rayano en la estupidez que caracteriza a la inmensa mayoría de los políticos, que España es la Tierra de Jauja y nos sobra dinero para gastar en nuevas elecciones. Vaya, que nadamos en la abundancia en un país donde cada día se incrementa el número de familias sin recursos, donde el cerdito de la hucha de las pensiones está más escuálido que Rocinante, el caballo de Don Quijote, que ya es mucho decir.

En las pasadas elecciones,  los españoles, todos a una como Fuenteovejuna (o casi, que de todo hay en la viña del señor) votamos con un mensaje claro y contundente contra el bipartidismo, del que estamos hasta las mismísimas narices. Y por raro que parezca tratándose de españoles repartimos nuestros votos de forma tal que la única forma posible de alcanzar la mayoría parlamentaria sea mediante pactos. Así que a pactar se ha dicho. Es lo lógico. O lo que sería lógico en cualquier otro país del mundo. Pero estamos en España y somos españoles y a viscerales no nos gana nadie.

El sentido común de toda negociación nos dice que si queremos pactar algo tenemos que ceder, que algo hay que dar a cambio de ese pacto, sea para gobernar un país o para vender chorizos (sin alusiones, aunque quizás me traicione el subconsciente). En España ese sentido común sale sobrando. En este país ceder no cede ni Dios. El deporte nacional en España no es el fútbol, es llevar la contraria. Y en eso de navegar a contra corriente los partidos políticos españoles  se llevan la palma. Son expertos en arrimar el fuego a su sartén.

Tras más de cien días de fallidos intentos por un pacto hacia la gobernabilidad de España, fallidos por la tozudez de todos los que intentan pactar, sean de izquierdas o de derechas, llego a la conclusión  de que lo importante para los políticos españoles no es lograr lo que los españoles votamos en las urnas: que haya pactos lógicos, sean de derechas o de izquierdas, pero pactos. Evidentemente, pactar les importa un rábano, porque todo pacto implica hacer concesiones. Y hasta ahí no vamos a llegar. ¡Faltaba más! Genio y figura hasta la sepultura. Si hay que volver a votar pues volvemos a votar. Pero el que quiera pactar conmigo que acepte mis reglas de juego o se vaya a jugar al mus. Que para eso somos españoles. Vaya, que eso de ponernos de acuerdo no va con nosotros.

Texto: José A. Tamargo Fernández

Foto: Sebastián García