LA ALTERNATIVA DEL DIABLO

La negativa de Podemos y Ciudadanos a participar juntos en un pacto con el PSOE para conseguir la mayoría parlamentaria que permita formar un gobierno en España, deja la puerta abierta al peor de los escenarios posibles: un pacto entre el PSOE y el PP, poco probable a día de hoy, pero perfectamente posible si se le quiere poner punto final a la actual interinidad del actual gobierno en funciones del PP. De producirse este pacto, que ya planea sobre el cielo de la política española, sería una bofetada en plena cara a la mayoría de los españoles que en las últimas elecciones votamos en contra del bipartidismo y a favor de pactos políticos. Peor aún y parodiando a Frederick Forsyte, sería una especie de alternativa del diablo.

Si los españoles hubiéramos querido que todo siguiera igual, hubiéramos votado mayoritariamente al PP o al PSOE, tal como lo habíamos venido haciendo en todas las elecciones generales desde la democracia. Pero tras el cabreo acumulativo y monumental que eclosionó el 15 de mayo de 2011, cuando, como es conocido,  miles de indignados tomaron pacíficamente por asalto la emblemática Puerta del Sol de Madrid y otras no menos emblemáticas de no pocas ciudades españolas, surgió, en 2014 el partido Podemos, como nueva fuerza política que encarnaba --o pretendía encarnar--, las ansias de regeneración democrática, política y social de la mayoría de los españoles, para quienes Podemos era como una bocanada de aire fresco en la enrarecida atmósfera política de España.

El surgimiento de Podemos, un movimiento mayoritariamente de izquierdas, hizo que saltara a la palestra nacional el partido Ciudadanos, de centro derecha, fundado en Barcelona en 2006 y con vocación hasta entonces más bien catalana, que no catalanista. Si la extensión de Ciudadanos más allá de las fronteras catalanas fue una maniobra del PP para frenar el empuje nacional de Podemos como afirman no pocos analistas es materia de debate actual y hay opiniones para todos los gustos. Como a mí me gusta mojarme, yo digo que sí.

Lo cierto es que Ciudadanos es visto como una versión light y descafeinada del PP, un partido que, como es sabido, desde sus orígenes en la transición no ha tenido una vocación centrista, rehén del ala más conservadora que es la que realmente controla al partido, decantándose más bien hacia la derecha de la derecha, sin que esta afirmación mía implique considerar al PP como un partido de extrema derecha, que estoy convencido de que no lo es. El centro de la derecha, por muchos años vacío, lo ocupa actualmente Ciudadanos, mientras que a la izquierda de la derecha se ubican los partidos nacionalistas, tradicionalmente de derechas.

Al PSOE le pasa en la izquierda lo que al PP en la derecha. Ninguno de ambos partidos se ubica al centro. Por definición ideológica, el PSOE debería ser un partido socialdemócrata y como tal ocupar el centro de la izquierda como en el resto de Europa, y digo que debería ser socialdemócrata porque si alguna vez lo fue ---quizás en sus orígenes—hace ya años que se ha ido alejando paulatinamente de las ideas socialdemócratas (y si le quedan algunas son  descafeinadas) lo que le lleva a ubicarse a la derecha de la izquierda. Así que PP y PSOE ocupan ambos la misma posición: derecha de la derecha el uno y derecha de la izquierda el otro. Vaya, dos caras de una misma moneda. Ya se sabe: Spain is diferent…

Si la izquierda española tiene un centro, cosa que solo me atrevo a afirmar a medias, tras las últimas elecciones ese centro no pertenece ni al PSOE ni a Podemos ni a ningún nuevo partido, lo ocupa ahora, por raro que parezca, Izquierda Unida, mientras que Podemos se ubica a la izquierda de la izquierda, junto a los partidos independentistas catalanes, vascos y gallegos, aliados coyunturales de Podemos para que esta última formación pueda gobernar o cogobernar en algunas regiones o ciudades españolas.  

La alianza de Podemos con los independentistas, sobre todo catalanes, enemigos acérrimos de Ciudadanos por la oposición de éste último partido a la fragmentación de España, convierte a la formación morada en rehén de dichos partidos, más interesados en separarse de España que en solucionar los graves problemas que afectan a todos los españoles, incluyendo a los propios independentistas. ¿Acaso en Cataluña no hay  desempleo, corrupción, precariedad laboral, contratos basura, reducción cuando no pérdida  del estado del bienestar, crecimiento alarmante del número de familias que subsisten por debajo del umbral de la pobreza o que no reciben ningún tipo de ingreso, desahucios, salarios cada vez más bajos, y el largo rosario de calamidades que padecemos TODOS los españoles?

Pablo Iglesias, con su negativa, pago de favor a sus socios independentistas, a que en un pacto con el PSOE se incluya a Ciudadanos, se ha convertido en el principal escollo para lograr un pacto por la gobernabilidad. Y lo que es peor, olvida lo más elemental: que él debe gobernar o formar parte de un gobierno para TODOS los españoles y no solo para una PARTE de ellos. Para que nos entendamos, Pablo Iglesias antepone la parte al todo. Yo me pregunto: ¿Si tanto le interesa solucionar los problemas de Cataluña, porqué no aspira a la presidencia de esa comunidad? Hasta va y gana… o quizás no, salvo que hable catalán y pueda demostrar que por sus venas corre sangre catalana…

Se acaba el plazo para lograr un pacto e ir a nuevas elecciones, que sería, pese al gasto que supone, el menor de los males. El peor sería que el PSOE, en su afán de llegar una vez más al poder (ya se sabe que el poder es más adictivo que las drogas) termine por aceptar la gran coalición que le propone el PP. Gran coalición  para el retroceso –o en el mejor de los casos para el inmovilismo-- y una gran burla y estafa a los españoles. Algo así como la madre de todas las estafas. Ya lo dije: la alternativa del diablo.

Solo dos personas pueden evitar o nuevas elecciones o la alternativa del diablo: Pablo Iglesias y  Albert Rivera. Es muy fácil. Quien tiene que dar el primer paso es Pablo Iglesias ya que fue él quien estableció la línea roja de que un pacto entre PSOE y Podemos no podía incluir a Ciudadanos. Una declaración de guerra innecesaria, ya que obligaba a Ciudadanos a contraatacar, a enrocarse y exigir a su vez al PSOE que si Podemos entraba en el equipo ellos no jugaban. Lo único que tiene que hacer Pablo Iglesias es eliminar esa línea roja, desmarcarse por el bien de todos los españoles de las “amistades peligrosas” que ha ido adquiriendo por el camino en su afán por adquirir cotas de poder en su camino a la Moncloa y aceptar que Ciudadanos forme parte de la ecuación, que es lo que en definitiva quiere Albert Rivera en su también particular cruzada por el poder.

Llegó la hora de que ambos, Iglesias y Rivera, demuestren sentido común, visión política y dejen bien claro que, por encima de apetencias personales o discrepancias ideológicas, a ambos  les interesa trabajar por el bien de todos los españoles y que de verdad desean esa tan cacareada por ambos regeneración democrática de España. Que dejen de mirarse al ombligo (o un poco más abajo para ver quien la tiene más grande) y propicien un gobierno por el progreso de España.

Eso, o arder en las calderas del infierno...

Texto: José Antonio Tamargo Fernández