VENTURAS Y DESVENTURAS DEL GALLO DE MORÓN

Fue a principios de los 90 del siglo XX cuando conocí la ciudad cubana de Morón y también a su famoso gallo. Se inauguraba en Cayo Coco el primer hotel construido en ese destino turístico con capital cubano-español y los periodistas fuimos invitados a dicho acto. El recibimiento oficial a la comitiva que asistiría a dicha inauguración se hizo en la ciudad de Morón, previo un recorrido por la misma.

Un colega --y muy buen amigo—italiano, Gianni Morelli, al contemplar la escultura  del famoso gallo símbolo de la ciudad, totalmente cubierto de plumas, me comentó que no entendía por qué en Cuba, cuando alguien andaba escaso de dinero y las estaba pasando canutas, solía decir que estaba como el Gallo de Morón, sin plumas y cacareando. “Este tiene plumas”, me dijo lapidariamente. Como yo conocía de antaño el verdadero origen de esa frase que escuché por primera vez en España, donde es ampliamente utilizada y por las mismas razones que en Cuba, le conté la historia de la frase, que resumo a continuación.

En el siglo XVI, en el pueblo sevillano de Morón de la Frontera, había enfrentamientos un día sí y otro también entre los vecinos, bastante levantiscos ellos y dados a la camorra. Para acabar con tales algarabías y poner orden, la Audiencia de Granada decidió enviar a Don Juan de Esquivel, un juez famoso por su contundencia y chulería  --siendo la segunda su cualidad más destacada--; tan es así que, refiriéndose a sí mismo, afirmaba: “Donde canta este gallo no canta otro”. Tantas narices tocó repitiendo hasta la saciedad esta letanía, que se ganó el sobrenombre de El Gallo.

Y también se hizo acreedor al odio de los moronenses, quienes, hartos de su chulería, lograron llevarlo un día con engaños al Camino de Caniles, donde  lo dejaron en pelotas y con flexibles ramas de acebuche le dieron soberana paliza. Tras el merecido escarnio, el prepotente juez puso pies en polvorosa huyendo de Morón de La Frontera.

Los vecinos hasta le dedicaron un romance, que reproduzco íntegro al final de este texto. Aunque de dicho romance, el fragmento más conocido y origen de la expresión de marras, es el siguiente:

                            Anda, que te vas quedando

                            Como el Gallo de Morón

                            Sin plumas y cacareando

                            En la mejor ocasión.

Tras esta explicación, mi amigo Gianni, acucioso donde los haya, me hizo otra pregunta –que en realidad eran dos--: ¿por qué le pusieron a Morón ese nombre y por qué construyeron y pusieron en ella la estatua del gallo que se convertiría en el símbolo de la ciudad? Tardé en responder y solo lo hice a medias. Le dije: “Supongo que el nombre se lo pusieron en honor al Morón de la Frontera español, como era costumbre en épocas coloniales. Además, toda ciudad que da al mar es en sí misma una frontera, así que si en Sevilla (que no tiene mar) había una ciudad llamada Morón de La Frontera, tiene toda la lógica del mundo que a esta ciudad cubana construida a orillas del mar  y frontera natural por añadidura,  sus moradores le pusieran Morón, sería por eso, digo yo y también por la cantidad de españoles que aquí vivían”. Sobre la pregunta del gallo, le contesté con toda honestidad: “No tengo la más pajolera idea”.

Tuvieron que pasar veinticinco años para que yo pudiera conocer la respuesta a esa pregunta gracias al periodista cubano  originario de Morón José Manuel Correa Armas, cuyo blog personal “En el Colimador” se publica habitualmente en la edición digital del diario cubano Granma, donde escribió una entrada dedicada precisamente a la historia del Gallo de Morón y las vicisitudes que éste vivió a lo largo de su existencia como símbolo de esa ciudad. Según Correa Armas, la tradición cubana del Gallo de Morón se remonta al siglo XVIII y “desde las primeras generaciones de moronenses,  el gallo se convirtió en un símbolo de nuestro pueblo”, quizá como homenaje al desplumado Gallo de Morón español, pero con una notable diferencia: el gallo cubano “fue concebido siempre como un gallo con plumas”.

Cuenta Correa Armas que en los años 50 del siglo XX los doctores moronenses Augusto Venegas Muiñas y Benito Llanes Recino, “concibieron la idea de erigir  un monumento al Gallo”, respaldada por algunas instituciones locales y por los habitantes de la ciudad. “Aprovechando este sentimiento legítimo de los moronenses hacia su símbolo, los politiqueros de la época se apropiaron de la idea y concibieron la construcción del monumento, que fue oficialmente inaugurado el 11 de septiembre de 1955 por el propio Presidente de la República, Fulgencio Batista y Zaldívar”. Este hecho, visto lo que pasó después, más que una bendición, se convirtió en una maldición para el Gallo de Morón.

 

El Gallo de Morón versus el extremismo revolucionario

Como muchas cosas en Cuba al triunfo de la revolución castrista, el Gallo de Morón también fue víctima del extremismo revolucionario, tal como nos cuenta Correa Armas. “En los meses posteriores al triunfo de la Revolución, un oficial del Ejército Rebelde destacado en esta ciudad, para desahogar sus frustraciones personales de poder, tomó como pretexto la participación que había tenido la tiranía en la colocación del gallo y en la madrugada del 6 de febrero de 1960, acompañado de otras personas, arrancó el monumento, depositándolo en la vía pública frente al Ayuntamiento Municipal”.

La reacción de los moronenses por tamaña afrenta al símbolo de la ciudad no se hizo esperar. “…un numeroso grupo de pobladores tomaron el símbolo y lo colocaron nuevamente en su pedestal, organizándose una enorme manifestación de protesta”, afirma Correa Armas. Los extremistas perdieron una batalla, pero al final ganaron la guerra, pues derribaron nuevamente el monumento, “esta vez destruyéndolo para que el pueblo no lo pudiera volver a colocar en su sitio”.

Esta vez sí que el Gallo de Morón se quedó desplumado... Eso sí, cacacareando. “Alrededor del hecho se suscitaron intensas polémicas, las cuales llegaron, incluso, al conocimiento del Comandante en Jefe, Fidel Castro. Se comenzó a construir otro gallo, pero éste no pasó de la intención, puesto que jamás llegó a concluirse”, asegura Correa Armas.

 

El Gallo gana la pelea

Es indudable que a los moronenses de Cuba, a tozudez no les ganan ni sus tocayos españoles de Morón de la Frontera. Pese a todas las adversidades e incomprensiones de las autoridades competentes, y pese a que “el tema del gallo se había convertido en un imposible, en una especie de tabú”, no cejaron en su empeño de restituir la estatua del gallo al pedestal donde debería estar por derecho propio y del que nunca debería haber sido proscrito y 20 años después de su defenestración, la Asamblea Municipal del Poder Popular, “aprobó por unanimidad el acuerdo No. 114, el que aprobaba la creación de una comisión para la reposición del Gallo de Morón”, que fue colocado nuevamente en su pedestal el 2 de mayo de 1982, “pero esta vez materializado en una hermosa escultura de los autores Rita Longa y Armando Alonso (autor este último del primer gallo)”, afirma Correa Armas.

Es la estatua que se aprecia en la actualidad a la entrada de Morón, del gallo emplumado, posado sobre un tronco, altivo y desafiante, y flanqueado por una torre reloj en la que han sido ubicados los equipos de amplificación que reproducen para toda la ciudad  el canto del Gallo de Morón, con plumas y cacareando, como debe ser atributo de todo gallo que se precie de serlo.

 

             

ROMANCE DEL JUEZ DON JUAN DE ESQUIVEL

 

Allá por el mil quinientos

En el pueblo de Morón

le enseñaron a Don Juan

una  importante lección.

 

Enfrentábanse dos bandos

en un pueblo de Sevilla

y la Audiencia decidió

terminar con las rencillas.

 

Después de muchos intentos

mandaron allí a Esquivel

llamado Juan, a más señas

tenía el cargo de juez.

 

Orgulloso iba diciendo

a todo el que le escuchara

que no cantaba otro gallo

en el sitio que él cantaba.

 

Tanto insistiera en la frase,

le pusiera tal empeño

que el sobrenombre de "El Gallo"

le dieron los lugareños.

 

Cansados  ya los vecinos

de escuchar sus tonterías

para acabar con el tema

se convocaron un día

 

Al camino de Caniles

con engaños lo llevaron

y en cueros vivos, sin ropa

entre todos lo dejaron.

 

Con las varas de acebuche

le "invitaron" a marcharse

mientras algunos pedían

que el magistrado "cantase"

 

Y vaya si el juez cantó

que al cabo de poco tiempo

de aquel pueblo se marchó

 

Desde que esto aconteciera

y como comparación

a los que necios prepotentes

les dicen esta canción:

 

"Anda que te vas quedando

como el Gallo de Morón

sin plumas y cacareando

en la mejor ocasión"

 

Un consejo a los que vayan

a Morón de la Frontera

No olviden la educación

ni se meta entre dos

porque si no, lo echan fuera

 

En otros sitios hay gentes

que aguantan las simplerías

en Morón, por si las plumas

no te andes con chulerías.

 

TEXTO: José Antonio Tamargo Fernández

FOTO: José M. Correa